Los mecánicos que no amaban a las motocicletas (Part I)

Cuando conoces a cierto tipo de gente, te explicas por qué les va todo tan mal. Pero no me quiero adelantar.

Todo comienza el día de año nuevo de 2012. Comía con mi familia en la casa de mis padres en Hondarribi. Pese a la época del año que era, el día salió radiante. Con objeto de ayudar a mis padres con los preparativos de la comida, salí a media mañana con mi moto, dejando a mi familia dormida, recuperándose de la cena de nochevieja. Ellos irían en coche más tarde.

Mi moto es una BMW k1100 LT del año 94.  Es un capricho que me di hace tres años. Estas motos aguantan muy bien el paso del tiempo, y aunque es casi mayor de edad, para mí, son modelos de una estética fabulosa. Siempre me han encantado. Además es una gran moto para viajes.

Por fortuna, estos modelos son bastante asequibles en mercado de segunda mano, y mira, gracias a unos trabajillos extras que hice en ETB, y al beneplácito de mi mujer, me dí el capricho.

k1100lt

El paseo hasta Hondarribi a media mañana fue gozoso. Casi no había tráfico, y el débil sol de invierno resultaba reconfortante. La comida fue muy agradable. El regreso a San Sebastián se produjo ya entrada la noche. Al poco de llegar a casa, recibo un whatsup de  Sergio, marido de mi prima Marta: «Iñaki, tienes fundido el piloto trasero de la moto». Sergio venía detrás de mí en el coche. Gracias, primo! Mañana mismo cambio la bombilla.

A la mañana siguiente, me pongo a cambiar la bombilla. Compro una igual, desmonto la tapa del colín de la moto, y saco el piloto. Desmonto la bombilla, efectivamente fundida y la cambio. Monto el piloto, el colín, y saco la moto para dar una vuelta. Sorpresa, la moto no arranca. Qué raro!. Los pilotos de contacto se encienden, pero el característico ruidito de la bomba de arranque no se activa. Que rabia, con lo perfecta que iba la moto ayer… Miro los fusibles, todos parecen ir bien. No sé qué será.

k1100_iciar_subir
Desde el día 2 de enero hasta el día 31, hago las pocas comprobaciones que,  con mis limitadísimos conocimientos de mecánica, soy capaz de hacer. Miro la batería, que parece estar bien… Los cables… El problema es que yo no tengo gran idea.

Cerca de casa, en el barrio de Intxaurrondo hay un taller de reparación de motos. Es un taller pequeño, pero para mi está muy a mano. En varias ocasiones he llevado mi otra moto, una Piagio 50 cc, que en su dia compré para que utilizara mi hija, pero por motivos ya descritos en otro post de este blog, me la quedé yo, y la utilizo casi a diario. Las reparaciones me las han hecho bien. Poca cosa, aceites, mantenimiento, poner un cofre… típico. Durante una temporada que llevé la Piagio a hacer varios mantenimientos, ví que tenían en el taller una k75, creo que era una S, de esas con los puños hacia abajo. A mí esas no me gustan, eso de ir encorvado en la moto no me convence. Un día, pregunte por ella. Le estaba haciendo no se qué mantenimiento y la habían vendido. Bueno, me quedé con la copla de que esas motos también las reparaban.

Un tiempo después compré la k11oo. La moto la compré en el concesionario de BMW en San Sebastián. Aunque el precio estaba un poco por encima de los precios que había visto en el mercado de segunda mano, me daba más confianza. La moto tenía 53000 km, y el aspecto general era bueno. Durante dos años, la moto no me dio sino satisfacciones, incluido un viaje a La Rioja, otro a León y unas vacaciones con mi mujer en Menorca, metiendo la moto en el barco en Barcelona. Sin ningún problema por parte de la moto.

Pero volvamos a enero de 2012. Tras las escasas verificaciones que yo pude realizar, durante varios días la moto estuvo aparcada en el garaje de casa. Tuve bastante trabajo y no pude dedicarle tiempo. Y por fin, el 31 de enero me decido a llamar a la grúa, y llevarla al taller del barrio.

moto_taller_subir_borro

Aquí comienza una de las historias más grotescas que he vivido jamás…

(continuará)

Los mecánicos que no amaban a las motocicletas. Parte 2

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