La reina en el pabellón de las motos corrientes. (Part V)

Octubre de 2012. Esperando a la entrada de un polígono. El aspecto de las naves es lamentable. Mientras espero a que Jenny venga a buscarme, no dejo de pensar en esta gente. Nano está nervioso y no quiere verme. ¿quién se cree este tío?. Además, ¿qué quiere decir «nervioso»?,  ¿enfadado?, ¿avergonzado? No entiendo nada.poligono_subir

Llega Jenny. Comienza el festival de excusas. «Ya lo siento. Ha sido un desastre. Nos hemos tenido que ir de un día para otro. Siento no haberte avisado…» «La moto está perfectamente, Nano se dedica a ella, y la acaba enseguida«

Llegamos a la nave. La nave está bastante ordenada. Casi limpia. Se ven unas cajas apiladas, una hormigonera, diversas herramientas de construcción, y un coche. Un coche normal, nada llamativo. En un extremo, al fondo, unas escaleras llevan a una entreplanta.  En el otro extremo, al fondo, está mi moto. Mi moto. Por fin.

La moto está bien, tiene varias piezas desmontadas que rápidamente localizo en una mesita de trabajo que hay al lado.. Ha estado trabajando, eso se ve. «Para el viernes te la termina y te la llevas«.  Recapacito. la moto está bien. Sé dónde está. Parece que está trabajando. He esperado 9 meses, puedo esperar 3 días. «El viernes entonces».

El diagnóstico es claro. Síndrome de Estocolmo grado 5.

Evidentemente el viernes pasó, y el viernes que sucede al viernes, y el viernes que sucede al viernes que sucede al viernes… Mi comunicación con Jenny también es, cada vez, más complicada. De cada 5 veces que llamo, sólo consigo comunicar una, y siempre llamando desde un teléfono distinto al mío. Está claro,  me evita.

Noviembre 2012. Creo que tengo que profundizar en la investigación.¿De dónde sale esta gente?, ¿Quién es el dueño de la nave?. Comienzo por lo más sencillito. Perfiles de facebook. Localizo enseguida a los dos. Nada relevante, les gusta Valentino Rossi, las Mini-motos, y un tugurio de Lezo que, sinceramente, espero no tener que visitar. Alguna foto en el circuito de Aragón. Nada.

Vamos a cosas más serias, hacienda. Hacienda publica listas de defraudadores en las que aparece nombre completo con dos apellidos, DNI, Dirección… No es que me parezca mal del todo, pero, como siempre, hay dos varas de medir. La privacidad es un derecho inalienable de la persona, excepto si topas con hacienda, que puede hacer lo que quiera con tus datos. La excusa es que intentan notificarte dos veces por correo certificado, si no consiguen entregártelo lo tienen que publicar en el boletín oficial. Y ahí aparecen todos los datos. Los de los bárcenas de turno no saldrán, pero deja tú de pagar un trimestre de IVA, y verás.

Sigo con mi búsqueda. No tardo ni dos minutos en encontrarlo. Varios miles de euros en deudas de  de IVA, IRPFs… Encuentro una dirección que anoto, aunque no tengo mucha confianza en que sea válida. Si hacienda ha intentado notificar en mano dos veces ( y para eso son tenaces) y no lo ha conseguido, es que no están en esa dirección. Aún y todo, me anoto la dirección.

Investigo un poco la nave. Se trata de una empresa de construcción. O lo que queda de ella. Constructores en Lezo… Gracias, google! Busco coincidencias con el apellido de Nano. Nada. Busco coincidencias con Jenny… Bingo, otra vez. Construcciones Cantalapiedra (llamémosle). Te pillé. Busco datos de la empresa. Está a nombre de un tal Federico Cantalapiedra (sigámosle llamando) y zas! 609……… Ya te tengo. Anoto el número.

Diciembre 2012. Contacto con Jenny. «Tengo malas noticias, la avería está en la centralita de la moto» Para mí, es una noticia fantástica. Parece que sabemos cuál es el problema. Hay un camino de solución.  Empiezo a mirar centralitas.

La serie K de las BMW comenzaron a fabricarse en el año 1983. La gama incluye las K75 de 750cc., la k100 de 1000 cc. y posteriormente sacaron las k1100 de 1100 cc. Todos los modelos tienen su versión S , con manillar y carenado deportivo, y LT con un carenado más completo, maletas, etc. Preparadas para viajar. En su momento fueron vehículos que revolucionaron la manera en que se fabricaban las motocicletas. Se decía que las BMW serie K eran, en realidad, una moto con motor de coche, por el gran tamaño del bloque del motor longitudinal de 4 válvulas que llevaban. Esto no es cierto, y, además, es una gran moto. Se ven en las carreteras motos de estos modelos que tienen 20 o 30 años y funcionan perfectamente. De pocas motos se puede decir eso.

Una de las grandes innovaciones de la marca bávara fue la introducción del ABS en motocicletas. El ABS es un sistema electrónico de seguridad que controla la intensidad de frenado y evita que las ruedas se bloqueen y derrapen. BMW fue pionero en este sistema que hoy es indispensable en coches y motos. Para controlar este sistema y otros de menor importancia, las motos llevan una centralita. Una especie de pequeño ordenador, también llamado ECU (Electronic Control Unit), que en el caso de estas BMW son de la marca MOTRONIC.

En Alemania todavía se fabrican estas centralitas y son bastante caras, sobre 500 o 600 €. Mirando en el mercado nacional puedes encontrar por 300 o 400 € de segunda mano en buen estado. Realizo una búsqueda worlwide de la pieza, y encuentro que hay un tipo que vende una a través de ebay en California. Pide 75 $, pero la puja acaba de comenzar. Pujo. Veo que es una subasta «No reserve» Esto es interesante porque es una manera de obtener algo a un precio increíble, siempre que poca gente puje. En ocasiones, el vendedor marca un precio de salida muy bajo, para incitar a compradores a realizar una primera puja, pero ha marcado un precio mínimo de venta. Es decir que si las pujas no llegan al mínimo que ha marcado, puede ocurrir que ganes la subasta pero no te venden el objeto. No reserve, quiere decir que no hay precio mínimo. Si te venden un Rolls a 10 € y nadie más puja, te lo llevas.

En el caso de mi centralita, nadie más puja. Un chollo. Con el envío, se me queda en 80 € escasos. Si por lo que fuera  no vale, lo revenderé aquí.

La centralita me llega en en enero. Quiero acelerar el final. Llamo a Jenny. «El número que ha marcado no existe…» Joder! Llamo a Nano: «El número marcado no existe…» Joder, JODER! Sólo me queda el número del dueño de la Nave, busco en mis apuntes el número que encontré en internet. Llamo. » Es Vd. Federico Cantalapiedra?» «Sí». «Mire. es que quisiera contactar con Nano y Jenny. Soy el dueño de una moto que tienen en su nave. Les estoy llamando, pero no consigo contactar.» «Bueno, yo les diré que te llamen». Pasa un día. Nada.  No pienso dejar pasar el tiempo. Llamo.

«Buenos días. Le llamé ayer para que dijera a Nano y Jenny que me llamaran, y, verá, es que no me han llamado.» «Ah, no? Hoy a la noche les digo que te llamen». Nadie me llama.

Día siguiente, sábado 26 de enero de 2013. Ya no es impaciencia, ni hastío, ni enfado. Es determinación. Voy por ellos.

Me planto en la puerta de la nave y llamo  al dueño. No coge. Contestador. Te vas a enterar. «Mire, soy el de la moto. Visto que me están toreando, sepa Vd. que soy abogado, y que, como no me den la moto inmediatamente voy a denunciarles a ellos por robo, y a Vd. por almacenamiento de material robado en su nave».  No sé si está tipificado ese delito como tal. Tampoco soy abogado. Me da igual. Voy por ellos, y quiero meter ruido. Sigo en la puerta de la nave. Llamo otras tres veces. Joder!

Me voy a casa, agarro el fijo y le vuelvo a llamar. Ahora sí contesta, qué casualidad!

«Soy el de la moto. Mire estoy hasta las narices…» me interrumpe. «Oye, ese mensaje que me has mandado, ¿tú que te has creido? Ahora mismo voy a mi abogada y te voy a denunciar por amenzas».  Esto es alucinante. Me amenaza con denunciarme por haberle amenazado con denunciarle… creo que cuando todo esto acabe voy a necesitar una cura mental. La discusión sube de tono. Y me cuelga. Según estoy contando a mi mujer los términos del último llamado, vuelve a llamar:

– «Mira, estoy fuera. El lunes voy a la nave, te saco la puta moto y te vas a tomar por culo con ella.» Mire, señor, eso es, precisamente,   lo que llevo pidiendo desde hace tiempo. Tras varias jaculatorias soltadas con poca gracía, nos despedimos de mala manera. Bueno, parece que será el lunes entonces. No me hago ilusiones. No puede acabar así de fácil.

El sábado a la tarde me vuelve a llamar.

«Oye! ¿Cuál es la matrícula de tu moto?» Vaya, parece que no estaba tan fuera como decía. ¿Será posible que me la dé hoy mismo? «No hay error posible es una grande y azul. Como esa no hay otra ahí».  La verdad tampoco recordaba que hubiera más motos.

«No, no, ¡Dime la matrícula ahora mismo, que se la tengo que pasar a mi abogada para denunciarte! ¡Esto no me lo puedo creer!. ¡Hasta dónde van a llegar las sorpresas!

«Mire, ha terminado Vd. con las últimas dosis de mi muy bien reputada paciencia (esto no lo entendió, fijo). Sepa que ahora voy a colgarle para ir directamente a la Ertzaintza  (esto fijo que sí). Cuelgo.

Dicho y hecho. Voy a comisaría. Ya ni Goenkale ni leches. Quiero denunciar. Sé que la denuncia les va a hacer daño. Va a cambiar el sino de la partida. Con la denuncia yo voy a dejar de investigar, de llamar, de ir… ahora que se mueva la poli. No sé si esto va a significar que van a descojonar mi moto a la primera de cambio. Si es así,  lo asumo, pero no puedo estar toda la vida así. Esto tiene que acabar. Por eso, para mí la denuncia supone un descanso.

Voy con mi mujer a la comisaria. Casualidad nos atiende el mismo (el negro no, el otro).

Al principio no se acordaba, pero fue empezar a contarle cuando le vino todo rápidamente a la cabeza. Se acordaba perfectamente. Le conté los últimos acontecimientos. El tio alucinaba en colores. Empece a darle los datos que le faltaban en el expediente que abrió en octubre. Dirección de la nave, identidad del dueño, etc. Anotaba todo. Me dan un justificante de la denuncia, y nos vamos a tomar una caña por el antiguo para celebrarlo.

Lunes, 28 de Enero de 2013.

Recibo una llamada. Jenny. «Oye, que es para quedar para darte la moto.» Yo ya, es como si estuviera en otro mundo. «Ah, Vale, Cuándo?»,  «Es que ahora estoy ingresada, pero creo que mañana me dan el alta».

Bueno, bueno, trama hospitalaria…! Esto va a mejorar mucho mi relato.

«Ah» Contesto como ausente. «Mañana te llamo», me dice. Le contesto con un «Uhm» que es una expresión que aprendí de Guillermo Brown. Pronunciada al estilo de los poscritos puede querer decir cualquier cosa (y su contraria).

Martes, 29 de enero.

Vuelve a llamar. Voz lastimosa (claro, de convaleciente en hospital) «Oye, que finalmente me operan mañana, y me darán el alta para el jueves o así.» «Ah que bien» Contesto con el mismo entusiasmo con el que le hubiera dicho «Su tabaco, gracias.» «Espera,» le digo » y ¿no puede nadie abrirme la nave? Sólo es un momento…» «No, no, bastante ha sufrido ya mi padre con lo de la denuncia…no quiero darle más disgustos». Ajá! Por fin asoma la herida! y es profunda! «Bueno, espero que me llames el viernes o así, no?» «Sí». «Adiós». «Adiós» «Que te den.» Añado con el teléfono ya colgado.

Se ha cumplido ya un año desde que llevé la moto al taller…

Viernes 1 de febrero.  Llama a la tarde. «Oye…» Misma voz lastimosa. «Que ya me han dado el alta, lo único, hoy es un poco tarde, no?» «¿Hoy a la tarde? No, no puedo.» Trabajo hasta tarde. «Tiene que ser mañana a la mañana». » Vale mañana a media mañana o así, te llamo.»

Mañana. Mañana…

Continuará

La reina en el pabellón de las motos corrientes. Final

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