Los mecánicos que no amaban a las motocicletas. Epílogo

Resucito la aventura de mi moto, escrita en 2013, porque me he dado cuenta que hay una cosa que no ha sido contada.

Antes de nada, si no sabes de qué estoy hablando, te sugiero que comiences el relato desde su principio en Los mecánicos que no amaban a las motocicletas (PartI).

Aunque, en la sexta y última parte escrita hasta ahora, incluí ya un epílogo, en el que decía que en un nuevo taller me repararon el error en tres dias, no es totalmente cierto. Hoy lo se.

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Paseo por la montaña

El domingo me fui de paseo con la moto. Por Francia hasta Sant Jean de Pied de Port, vueltita por el monte (video), Roncesvalles y vuelta por Pamplona y Belate.

Los mecánicos que no amaban a las motocicletas (Part III)

Fue un duro golpe.

Me sentí como los argentinos que vieron cómo los bancos se cerraban en sus narices durante el corralito. Lo tenía que haber visto venir.

En una esquina del escaparate el celo se había despegado, y a través de una rendija, se podía ver parcialmente el interior del local. Nada. Unas latas de aceite vacías,  restos de piezas oxidadas y grasientas arandelas formaban un pequeño montoncito en una esquina. Nada más. Ni rastro de ninguna moto. Ni rastro de mi moto. Continue reading “Los mecánicos que no amaban a las motocicletas (Part III)”

Los mecánicos que no amaban a las motocicletas (Part II)

Mi moto entró en el taller  el 31 de enero de 2012. Este es un dato para recordar.

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 Foto cortesía de Google maps

En este taller , que yo haya observado, trabajan dos personas. El mecánico, llamémosle, Nano, y su pareja, llamémosle, Jenny.

Jenny es una persona de conversación agradable, que se encarga de recepcionar las motos, atender al público y gestiones administrativas, tales como petición de recambios, extender las facturas etc. y Nano se ocupa de reparar las motos. Con Nano es muy dificil hablar. Es de pocas palabras, no te mira a los ojos. Toda comunicación debe pasar por Jenny.

El taller raramente abre a la hora que indica el rótulo de la puerta, y en ocasiones, no abre  un día entero sin razón visible.  En el taller puede haber fácil unas 15 o 18 motos, aunque muchas parecen simplemente aparcadas, y no parece que se esté haciendo ningún trabajo sobre ellas. Llaman la atención también varias mini-motos.

Las mini-motos son estos artilugios que  a veces se ven en los parkings de las grandes superficies un domingo por la mañana, y que cuando un adulto se sube a una de ellas, desaparecen entre las piernas del piloto. A mí me recuerdan a las bicis minúsculas que usaban los payasos del circo para deleite de niños y mayores.

Pues bien, Nano y Jenny son muy aficionados a las carreras de mini-motos, y parece que se especializan en el montaje y reparación de estos artilugios. Rastreando en el facebook de Nano, puedes verlo en alguna foto recogiendo una medalla en algún prestigioso evento.

Quizá esto solo de por sí,  debería haber bastado para que yo fuera más precavido. Especialistas en mini-motos, y les llevo una k1100…  Todavía tenía que aprender muchas lecciones en esta historia.

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Volvamos a enero de 2012. Como está dicho, llevé la moto y allí la dejé. “Mírame a ver qué le pasa porque no arranca”. “No te preocupes.” ” Ok.”

Paso a los 3 días. Llamo.  “¿ Se sabe algo?”  ( Jenny) “No,   no está Nano, y no sé…  Ha estado mirándola pero no te puedo decir… ” (yo) “Bueno, pregúntale y llámame”. 1 semana. 2, 3.  Nada. Nuevas visitas. (Jenny) “No, es que Nano está de baja… No sé… ” 1 més, 2 meses.

Mi mujer dice que la culpa es mía por no haber cortado en este punto el tema. Como siempre, tiene razón. Y,  visto con la perspectiva del tiempo pasado,  era lo que debía haber hecho. No sé. Cada semana que iba el enfoque era un poco distinto, “Ha mirado el cableado y está bien,  por lo que está casi seguro que es en la piña del manillar”. Esperanzas. Bueno, la semana que viene me paso. Y así llegó el verano.

Para entonces, yo visitaba el taller con cierta asiduidad para recibir las excusas de cada semana, y me iba haciendo la idea de que como negocio,  aquello,  no podía funcionar. Aparte de mi moto, que estaba como un pasmarote, allí plantada en la mitad, eran muy pocas las motos que se veían reparar. Y yo, lógicamente no había soltado un duro aún. Sólo en superficie ocupada,  mi moto ya son 2 o 3 metros cuadrados, al precio en Donosti… Mal negocio.

“Para semana grande la tienes fijo, al 100 %!!!”.  Esto del “100 %” era una expresión de Jenny.  No sé si captaba el significado real de la misma.

“Mira, como no lo localiza, ha hablado con un colega que trabaja en la BMW, y la va a llevar para que la conecten a un ordenador de diagnóstico, y detecte dónde está el fallo”. Ah, pues mira que bien. Aquello sonaba a avance.

Septiembre. “No,  todavía no la ha llevado porque tiene el carro de motos mal. Pero ya la semana próxima sin falta”.

Octubre. Yo me siento muy gilipollas. Esto es una tomadura de pelo total. He ido de majo, de paciente, de todo. Soy consciente que es gente con problemas. Problemas para gestionar su negocio, pero creo que también para gestionar sus personas. Pero yo no tengo la culpa. Ya estoy harto. Voy a solucionar esto.

El 18 de octubre voy al taller, y me encuentro los cristales tapados por un papel blanco pegado por el interior. Por el exterior un cartel fosforito reza:

SE ALQUILA.

(Continuará)

Los mecánicos que no amaban a las motocicletas. Parte 3

Los mecánicos que no amaban a las motocicletas (Part I)

Cuando conoces a cierto tipo de gente, te explicas por qué les va todo tan mal. Pero no me quiero adelantar.

Todo comienza el día de año nuevo de 2012. Comía con mi familia en la casa de mis padres en Hondarribi. Pese a la época del año que era, el día salió radiante. Con objeto de ayudar a mis padres con los preparativos de la comida, salí a media mañana con mi moto, dejando a mi familia dormida, recuperándose de la cena de nochevieja. Ellos irían en coche más tarde.

Mi moto es una BMW k1100 LT del año 94.  Es un capricho que me di hace tres años. Estas motos aguantan muy bien el paso del tiempo, y aunque es casi mayor de edad, para mí, son modelos de una estética fabulosa. Siempre me han encantado. Además es una gran moto para viajes.

Por fortuna, estos modelos son bastante asequibles en mercado de segunda mano, y mira, gracias a unos trabajillos extras que hice en ETB, y al beneplácito de mi mujer, me dí el capricho.

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El paseo hasta Hondarribi a media mañana fue gozoso. Casi no había tráfico, y el débil sol de invierno resultaba reconfortante. La comida fue muy agradable. El regreso a San Sebastián se produjo ya entrada la noche. Al poco de llegar a casa, recibo un whatsup de  Sergio, marido de mi prima Marta: “Iñaki, tienes fundido el piloto trasero de la moto”. Sergio venía detrás de mí en el coche. Gracias, primo! Mañana mismo cambio la bombilla.

A la mañana siguiente, me pongo a cambiar la bombilla. Compro una igual, desmonto la tapa del colín de la moto, y saco el piloto. Desmonto la bombilla, efectivamente fundida y la cambio. Monto el piloto, el colín, y saco la moto para dar una vuelta. Sorpresa, la moto no arranca. Qué raro!. Los pilotos de contacto se encienden, pero el característico ruidito de la bomba de arranque no se activa. Que rabia, con lo perfecta que iba la moto ayer… Miro los fusibles, todos parecen ir bien. No sé qué será.

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Desde el día 2 de enero hasta el día 31, hago las pocas comprobaciones que,  con mis limitadísimos conocimientos de mecánica, soy capaz de hacer. Miro la batería, que parece estar bien… Los cables… El problema es que yo no tengo gran idea.

Cerca de casa, en el barrio de Intxaurrondo hay un taller de reparación de motos. Es un taller pequeño, pero para mi está muy a mano. En varias ocasiones he llevado mi otra moto, una Piagio 50 cc, que en su dia compré para que utilizara mi hija, pero por motivos ya descritos en otro post de este blog, me la quedé yo, y la utilizo casi a diario. Las reparaciones me las han hecho bien. Poca cosa, aceites, mantenimiento, poner un cofre… típico. Durante una temporada que llevé la Piagio a hacer varios mantenimientos, ví que tenían en el taller una k75, creo que era una S, de esas con los puños hacia abajo. A mí esas no me gustan, eso de ir encorvado en la moto no me convence. Un día, pregunte por ella. Le estaba haciendo no se qué mantenimiento y la habían vendido. Bueno, me quedé con la copla de que esas motos también las reparaban.

Un tiempo después compré la k11oo. La moto la compré en el concesionario de BMW en San Sebastián. Aunque el precio estaba un poco por encima de los precios que había visto en el mercado de segunda mano, me daba más confianza. La moto tenía 53000 km, y el aspecto general era bueno. Durante dos años, la moto no me dio sino satisfacciones, incluido un viaje a La Rioja, otro a León y unas vacaciones con mi mujer en Menorca, metiendo la moto en el barco en Barcelona. Sin ningún problema por parte de la moto.

Pero volvamos a enero de 2012. Tras las escasas verificaciones que yo pude realizar, durante varios días la moto estuvo aparcada en el garaje de casa. Tuve bastante trabajo y no pude dedicarle tiempo. Y por fin, el 31 de enero me decido a llamar a la grúa, y llevarla al taller del barrio.

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Aquí comienza una de las historias más grotescas que he vivido jamás…

(continuará)

Los mecánicos que no amaban a las motocicletas. Parte 2

Escapada a Menorca

Se juntó todo, las ganas que tenía de hacer una escapada en moto, un invitación de una vieja amiga, el eterno deseo de volver a Menorca, la posibilidad de encajar a las niñas… y allá nos hemos ido.
Moto de Donostia a Barcelona, subir la moto al barco, unos días por las playas y calas menorquinas y vuelta. Una gozada. Aquí algunas fotos:

La moto cargada y preparada para salir.

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